La gran cantidad de jóvenes que llegó al Anfiteatro Municipal fue la gran sorpresa del viernes. Destacó la presentación de Daniel Muñoz y 3x7=21, Los Chenitas y el emotivo homenaje a la folklorista Raquel Barros.
La jornada del viernes fue una verdadera sorpresa para los organizadores del 39º Festival de Folklore de San Bernardo, quienes manifestaron su gran orgullo y satisfacción por la masiva concurrencia juvenil que participó de esta segunda noche.
En este sentido, la presentación de Daniel Muñoz y 3x7=21, reflejó la revaloración que los jóvenes han mostrado hacia el folklore durante estos últimos años, especialmente a través del fuerza y sensualidad de la cueca brava. Es así como, en forma espontánea e inédita, varias parejas subieron a bailar al escenario sanbernardino, creando un ambiente festivo que validó el concepto de este festival: “el rescate del folklore”.
Daniel Muñoz deleitó al público con varios pies de cueca, además de incluir otras variantes de la música latinoamericana como el bolero y el corrido.
Otro punto alto de la jornada, fue cuando la alcaldesa Nora Cuevas homenajeó a la nonagenaria folklorista Raquel Barros, a quien se le reconoció su gran trayectoria y extraordinario compromiso con el desarrollo del folklore nacional.
Barros –muy emocionada- agradeció este reconocimiento y enfatizó el valor de esta muestra musical: “Me siento agradecida y quiero destacar al pueblo de San Bernardo y a sus autoridades por preservar vivo el espíritu de esta gran fiesta de Chile”.
Por su parte, la alcaldesa Nora Cuevas manifestó su total satisfacción: “Nuevamente tuvimos un éxito total. El mejor regalo fue ver tanta juventud compartiendo y realzando los valores de nuestra chilenidad”.
En lo que respecta a la muestra folklórica, la segunda noche abrió con un cuadro artístico alusivo a la Maestranza de San Bernardo. La puesta en escena evocó la mítica fiesta del 18 de septiembre. Una añorada tradición que los maestrancinos realizaban durante la primera mitad del siglo XX durante fiestas patrias.
Cuncumén de Santiago marcó presencia con una gran recopilación de cantos y danzas de la zona central, principalmente de grandes autores. En su presentación, un momento de especial significación para el mundo folklórico, fue cuando la directora del grupo, Mariela Ferreira, invitó al escenario a bailar un pie de cueca a dos grandes del folklore nacional, Raquel Barros y Osvaldo Cádiz.
El grupo de Raquel Barros mostró un cuadro artístico con bailes del siglo XIX. Una gran producción y un valioso trabajo de vestuario que reflejó la idiosincrasia de la sociedad de la época.
En el caso de la Universidad de la Frontera de Temuco, ésta mostró la mezcla de la cultura mapuche con la llegada de nuevas influencias a sus territorios, como la chilena y alemana, esta última presente con uno de sus instrumentos más característicos, el acordeón.
Los Chenitas -quienes fueron aplaudidos de pie por el público- validaron una trayectoria con más de cuatro décadas bajo la dirección de la maestra Elena Valdivia. Los sanbernardinos recurrieron al rescate de las rondas infantiles con niños y jóvenes folkloristas de entre 6 y 17 años.
Graneros trabajó artísticamente la evolución del vals en nuestro país, su origen y amalgamiento con nuestras tradiciones.
Pachayapu de Copiapó, llevó a las tablas la historia de un cura negro que vivió en su zona. Su proyección destacó por la emotiva religiosidad, mezclada con el anecdotario popular de un pequeño pueblo y la vida del cura negro Crisógeno Sierra Velásquez.
Finalmente, en el plano internacional, Argentina se presentó con una mezcla de sus bailes típicos con un valorable trabajo escénico en la danza. |